lunes, 7 de julio de 2014

Una reunión improvisada y la alegría de ver a un amigo viviendo el éxito del Commo Fusión




Hoy me encontré con un compañero de promoción de colegio el cuál no veía hace más de 18 años. Quedamos para comer en un restaurante peruano (¡y no iba a ser!) por el centro de Madrid.


Dos horas de comida no dan para compartir lo que las vida nos había deparado en estos años. Si sumamos, eran más de 36 años de experiencias acumuladas, que se dice poco.

Lógicamente no voy a ventilar sus experiencias personales, pero me quedo con lo que si considero se puede y debo compartir: el éxito no se consigue, se vive día a día. 

Tener un restaurante bueno, con altos estándares de calidad, no es fácil. Tampoco lo es hacerlo en un país que no es el tuyo de nacimiento (lo digo así porque luego eres de en dónde vives). Más difícil es hacerlo cuando el país vive una crisis económica "del caballo."

Pues bien, mi amigo emprendió y montó su restaurante en Valencia, junto con su pareja (ole a los dos). Lo que más me alegra de todo esto, es que el cariño, la responsabilidad y dedicación siempre da sus frutos. Cómo bien comenta mi amigo Jean, ha costado y le sigue costando, pero le alegra ver el restaurante lleno y la gente feliz.

En un año de apertura, ya tienen un certificado de excelencia que le ha brindado TripAdvisor, que es el portal más grande en el mundo de opiniones y recomendaciones, además de un grupo asiduo de comensales satisfechos, mayoritariamente Valencianos.

Nada de esto se ha dado gratis: dificultades, empezar de cero, arriesgarse, tirarse a la "piscina" sin saber del todo si el agua es suficiente...Los tienen bien puestos el y su pareja, y por ello les admiro.

El Commo Restaurante será mi destino principal cuando vaya a Valencia por varios motivos, entre ellos culinarios, pero los principales será el visitar junto a mi familia uno de los mejores (por no decir el mejor) restaurante peruano en Valencia (basta con ver la tira de comentarios en su perfil de Facebook y TripAdvisor) y a un amigo que he recuperado después de tantos años.

Me he hecho un hincha de ellos (¿se me nota?), pero lo menos que se puede esperar de un amigo, es alegrarse del éxito del otro. ¡Que sigan los éxitos!


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