sábado, 27 de marzo de 2010

Sacerdotes pedófilos y la Iglesia


No es un secreto que en el seno de la Iglesia Católica ocurren cosas que no son "santas". Una cosa es que un cura no sea fiel a su "voto de castidad" (si es religioso) o su "castidad voluntaria" (diocesano) y tenga escondida una relación con alguna mujer, o simplemente que sea homosexual. En ambos casos no hay crimen, y quizá si se daña algo es la credibilidad de la iglesia, y en ese caso se puede matizar la gravedad del asunto.

Lo que ya es un crimen, es que a un ser, que se nos encomienda a los adultos, formar, orientar, proteger, sea vejado, marcado para toda la vida y la Iglesia se limite a ocultar estos casos (olvidando la frase de Cristo "la verdad os hará libres") y con el agravante, de argumentar "proteger la imagen de la Iglesia" (bueno para un asesor de imagen, pero nauseabundo).

Debo reconocer que cuando murió Juan Pablo II, la humanidad perdió un ser humano ejemplar, y la Iglesia Católica un pastor real. Recuerdo que en ese entonces yo estaba en el seminario y la verdad, no sonaban casos de este tipo entre las conversaciones nuestras (en este mundo se sabe mucho de muchos). Cuando nombraron al Cardenal Joseph Ratzinger, más de uno se miró y movió la cabeza. La imagen que habían cultivado en mi mis padres, los curas y monjas del colegio de "El Papa es el representante de Cristo en la tierra" se me desvaneció en el momento.

Es lamentable que la Iglesia a través del ahora Papa Benedicto XVI, haya ocultado casos de pederastía y no haya denunciado el delito. El caso del el del sacerdote ya fallecido Lawrence C. Murphy, de la archidiócesis de Milwaukee, acusado de abusar sexualmente de unos 200 menores entre 1950 y 1970 en una escuela para niños sordos del estado de Wisconsin, es uno de los más sangrantes, pues la Iglesia atendió la denuncia de los padres después de 20 años, cuando el cura estaba muy enfermo y aduciendo que no lo podían sancionar por su delicado estado de salud. Ver Víctimas de sacerdotes pederastas protestan frente al Vaticano

Frases como "entre más humanos nos vean, más nos van a apreciar" de Leopoldo González vocero de la Comisión del Episcopado Mexicano (CEM), en relación a la detención del sacerdote Rafael Muñiz López detenido en Xalapa, Veracruz por estar ligado a una banda de ciberpederastas, tampoco ayudan mucho a la Iglesia. Ver Somos curas pederastas, somos humanos

Los beneficios judiciales a los curas pederastas, también indignan. No sólo ya porque generalmente la Iglesia no toma partido, y no da una sentencia oficial (por tanto, en toda ley, el cura sigue ejerciendo de cura en la cárcel, en la que entró por pederasta). El caso de César Grassi, conocido sacerdote argentino, fundador de la Fundación Felices los niños, y que fue condenado a 15 años de prisión por "abuso y corrupción de menores". Entraba y salía las veces que quería a la Fundación, porque la sentencia no estaba "firme". Cuando el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 1 de Morón dicto el fallo, el cura continuaba dando misa argumentando "que seguía siendo sacerdote con todas sus facultades". Los abogados de las víctimas podrían esperar hasta 2 años para encerrar a este sacerdote. Ver Beneficios judiciales para curas pedófilos

El último caso, del sacerdote español José Ángel Arregui, condenado en Chile a 2 años de prisión, por almacenar 2000 imágenes de pornografía infantil y 400 horas de contenido pedófilo, en las que algunos era productor y protagonista, cuando era profesor en colegios de Vitoria, Madrid y Vizcaya entre 1992 y 2005. El religioso, de 53 años, admitió que se sentía atraído por niños de rostros afeminados, que le producía «placer como desahogo sexual» ver las cintas y atribuyó esas graves desviaciones de su comportamiento a «la soledad y las carencias afectivas». Ver Chile condena a dos años a cura pederasta español

Llegado a este punto, no soy de los que quiere hacer leña del árbol caído. Nada tengo que decir en contra de estos sacerdotes, solo que la justicia les condene con severidad y sobre todo, pensando en que no hayan más víctimas; pero si denunciar que la Iglesia no está respondiendo ni moral ni cristianamente. Si no denuncia con severidad este tipo de violencia, si no toma partido, si minimiza estos actos, no hace más que "comulgar" con el agresor. La Iglesia no necesita proteger una imagen.... a Cristo no le importó su imagen, le importó la verdad.

La presunción de este tipo de actos deben ser seguidos con rigor, pues estamos hablando de niños, que confían de una manera distinta, con el corazón, en esos padres espirituales que terminan destruyendo sus vidas y sobre todo, sus almas.


1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo en todo, excepto en una cosa. Juan Pablo II no fue un ser ejemplar. Sabía todo estos asuntos de la pederastia, y si no lo sabía, peor aún, por no enterarse.
    El silencio de Juan Pablo II ante la muerte de Oscar Romero y no hacerle santo como hizo con Escrivá de Balaguer, su silencio ante las desapariciones en Argentina o su abandono del espíritu progresista del Vaticano II, le ha hecho mucho daño a la Iglesia, dejándola en su peor estado en muchos años.
    Un saludo.

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