sábado, 1 de agosto de 2009

La vocación de ser maestro


El ser maestro se lleva en la sangre, no cabe duda. La vocación se respira, se palpa, se siente. Da igual la materia.... lo que importa es el deseo que se tiene de que el "alumno" o "discípulo" aprenda. Así la paciencia brota automáticamente, pues cada segundo se recuerda que siempre hubo una primera vez, y siempre los comienzos se necesitan de comprensión.

Es inevitable sentir ese calor en el pecho al ver que colaboramos con otro ser, otra persona, ver que crece, se anima y evoluciona. Ese calor en el pecho al saber que hemos colaborado en ese proceso.

Hace tiempo que no experimentaba aquello. De esto hace ya casi 5 años, desde que dejé Lima a mis entrañables y muy queridos alumnos del Santísimo Nombre de Jesús.

Curiosamente, el curso que dicté era el de música, pero creo que más que conocimientos, recibieron algo más importante: la conciencia de saber que todo lleva un proceso, y que somos válidos aunque en un principio las cosas cuestan. Sí,... emprender nuevos proyectos, el desarrollar nuevas habilidades, cuestan..., pero si persistimos, logramos que la "música" salga de nosotros.

Hoy terminé un curso, en el que conocí a un grupo entrañable.... y no enseñé a tocar ningún instrumento musical. Era un curso de Ofimática, en donde un grupo de 15 personas adultas, deseaban aprender a utilizar el ordenador, ése era el instrumento.

Es curioso como un curso, que aparentemente puede ser frío y técnico, pueda ser una oportunidad para que la parte humana, la "música" como le llamo, se manifieste con libertad en medio de las personas.

No puedo describir lo que sentí hoy al final del curso. Quince días que han pasado como un soplo, pero lo suficiente como para que cada uno tenga ya un espacio en mi corazón.

Creo que lo que más recordaré es ver sus rostros de alegría en cada logro que alcanzaban…lo que para otros pueda ser algo insignificante, para otros es un aliciente. Precisamente la felicidad la encontramos en las pequeñas cosas.

No estoy triste, estoy alegre, y tengo la ligera intuición que les volveré a ver.