jueves, 28 de agosto de 2008

La mano de Dios

Fuente de la Imagen: http://gonzo.teoriza.com/category/fotoblog/page/2/


Era sábado, y estaba programada una salida a la "casa" de las Hermanas de Calcuta, una "delegación", digámosle así, que dependía espiritualmente de la que creó la Madre Teresa pero ubicada en Lima, en el corazón del Mercado Mayorista conocido como "La Parada". No está demás aclarar que esta zona de Lima se caracteriza por el alto grado de delincuencia juvenil, al menos es el último recuerdo que tengo de hace 4 años, en donde la forma habitual de robo era en grupos... por esta forma de atraco, les denominan "pirañas".


Bueno, al punto. Esa mañana, el Padre formador, nos indicó que nos vistiésemos con ropa de deporte, por dos motivos: uno, que íbamos a "trabajar" y dos, para no llamar la atención y evitar cualquier incidente desagradable con "pirañitas".


Debió ser curioso ver bajar de una furgoneta a 19 chicos, entre 17 y 25 años, con peinado con "raya" al costado, gafas muchos de ellos y ropa de deporte. Nos dirigimos sin perder el paso a la citada casa. Salió una hermana, vestida con su conocido hábito cesleste y un delantal blanco, que se veía humedecido.


-Buenos días padre Gildo - dijo la hermana.


-Buenos días hermana - respondió el padre - Venimos con los chicos a echar una mano.


-Sean bienvenidos entonces - y nos invitó a pasar.


Debo reconocer, que estar en el primer año de formación introductoria al Seminario (le llaman "Propedéutico") es como iniciar una academia de formación y que aunque nos mirasen como futuros sacerdotes, eramos realmente un grupo de muchachos de buenas intenciones...teníamos y llevábamos muchas taras, complejos y prejuicios, como es normal.


Lo que ví me impacto. Era una imagen muy dura. Por un lado, algunos niños con problemas psicomotrices, parálisis cerebrales parciales y totales... que ingenuos nosotros intentar animar a esos niños con canciones "típicas" de animación para niños, cuando para muchos dar una palmada era un esfuerzo casi imposible. Por otro lado, jóvenes y adultos que habían sido como esos niños, pero que han pasado sus vidas en esa casa, al ser abandonados en medio de la basura por sus problemas o deficiencias y rescatados por estas hermanas.


-César-me dijo el padre- irás con Miguel, Jorge López, Jorge Cifuentes y Carlos a ese pabellón a ayudar a un joven voluntario a bañar a los chicos.


Debo reconocer que me entro un nudo al estómago. No sabía como ibamos a hacer aquello. Bañar a un joven de 16 o 18 años porque no podía hacerlo por su cuenta. Me dije a mí mismo, que si no podía hacer aquello, es que no servía ni para la vida del sacerdocio, ni para ninguna otra.


Entramos a una sala en donde habían 10 jóvenes en silla de ruedas, muchos no hablaban pero hacían gestos. Recuerdo a uno que le decían "Tyson". Tenía el rostro muy parecido, y los puños los tenía cerrados como un boxeador. Curiosamente el apelativo se lo pusieron entre compañeros -algunos podían hablar pero no moverse-y percibía que él entendía todo lo que se le decía y "sólo" le faltaba movilidad y hablar, pero como ya digo, entendía todo perfectamente, y al parecer, llevaba con humor el apelativo, mostrando con sus movimientos descordinados, hasta cierto punto grotescos, la aceptación de su "nombre"...


-Hola- dije tímidamente al entrar, a lo que era aparentemente la "sala" de baño - me llamo César y venimos a ayudar en lo que podamos.


-Hola, yo también me llamo César - no me estrechó la mano porque las tenía ocupadas bañando a un hombre de 1.80, de unos 110 kilos, que padecía de retardo mental- pueden ayudarme a secar a aquellos que voy bañando, pues como lo hago con agua caliente, luego es un suplicio para las pobres que tarde en cubrirles con las toallas.


-De acuerdo -contesté. Me dije a mí mismo que iba a dar la mejor de mis sonrisas, e intentaría cobijar los mejores sentimientos de cariño para cada uno aunque sintiese, lo admito, miedo.


Entre los que fuimos, nos apoyábamos, alcanzándonos el talco, los pañales (porque los usaban) y las ropas. Pero recuerdo a uno en especial. No recuerdo su nombre, pero sí su imagen. Era un joven de 17 años, que tenía una parálisis completa de las extremidades, no hablaba, y al parecer fue de nacimiento. Como era de esperarse, no había desarrollado musculatura, por lo que se mantenía en posición fetal y mediría, estando en esa postura, casi un metro.


-Tranquilo- le decíamos mientras temblaba de frío por el cambio de temperatura - ya te secamos y te cambiamos en seguida.


Hasta que ocurrió. Era tanto el frío que sentía que el pobre temblaba al punto que parecía convulsionar. Me acerqué al lado de su cabeza y le acaricié el pelo. El pobre no pudo más...vomitó en mi mano, y contemple en sus ojos una mezcla de espanto, disculpas, pena....Lo sorprendente para mí, es que mi rostro en ningún momento cambió de gesto. Mantuve la calma y pude transmitirle una mirada amistosa, sonriente...mis ojos le pudieron transmitir que realmente no me había afectado ese pequeño accidente.


-No ha pasado nada - le dije, me limpié la mano, y terminé con la labor.


Mis "hermanos", no dijeron nada del hecho, y tuvieron la delicadeza de ni siquiera mencionármelo. El padre nos mandó buscar después de un par de horas y pidió nos reagrupásemos. Era hora de partir.


-Chicos, nos vamos a casa, pero antes la Hermana nos quiere mostrar el mejor sitio de la casa.


Entramos a una pequeña sala, silenciosa, en comparación con el resto de habitaciones en donde el grupo de voluntarios y hermanas seguían trabajando. Una hermana de rodillas, de espalda a nosotros frente a un pequeño sagrario era lo que nos recibía. Nos quedamos allí varios minutos, en silencio, asimilando, creo, cada uno lo que había experimentado en esa visita.


Ya cruzando la puerta de la casa, no dejaba de pensar cómo, en esa casa, todos los sábados, asistía gente voluntaria, jóvenes y señoras, desde muy temprano, de manera habitual y "religiosa" (nunca mejor dicho) a dar su tiempo, su vida por estos chicos. Comprendí que me faltaba mucho por trabajar en mí si quería ofrecer mi vida al servicio de los demás, no bastaba con hablar bien, tocar la guitarra o comulgar todos los días. Ese día comprendí que existe necesidad, pero también gente buena en el mundo que se convierte día a día en la mano de Dios.


14 comentarios:

  1. Me agradan tus historias, tu blog me parece interesante y es, sin duda, sincero, transparente. Volveré seguro porque tengo razones para ello.

    Por cierto, la historia del jinete y el caballo se la pienso contar a mis locos bajitos de Infantil. Gracias.

    Un saludo capaz de destruir el hielo para siempre.

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  2. Gracias Alejandro, de verdad, gracias. Gracias porque en este espacio he encontrado la forma de dejar partes de mí, "rastros de alma" si se quiere, para todo aquel que quiera aceptarlos de buen agrado. Me alegra que te guste lo que encuentras.

    Ojalá que a tus "locos bajitos" les guste la historia del caballo y el jinete, y gracias a tu saludo, tengo la garantía que no padeceré frío en el alma nunca más. Un abrazo igual de cálido.

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  3. César no se si conseguiste llegar a cura ( yo de religión ando un poco escasa), pero estoy segura que has llegado a ser una buena persona

    Es cierto en el mundo hay gente buena, lo malo es q cada día se ocultan más y eso me entristece enormemente
    muakkkkkkkkk

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  4. Hola guapo

    Qué historia tan bonita. Yo he trabajado con niños autistas y la verdad que sacas ese tipo de conclusiones de que tienes que mirar mucho en tu interior para poder dárselo a esas personas que estan en esas condiciones.

    Muchos de ellos se conforman con poco, sin embargo los que estamos bien de salud no hacemos otra cosa que quejarnos sin darnos cuenta de la suerte que tenemos,

    Un beso muy muy grande

    Ali

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  5. ¡Toma testimonio! En verdad, Jesús está en el sagrario. En las Iglesias. Incluso en el Vaticano. Está en todos sitios.
    Pero si no somos capaces de verlos en el prójimo que sufre... De nada sirve. Tendríamos muchas parafernalias. Pero estaríamos ciegos.

    Qué buen artículo.
    Un saludo, Alfonso.

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  7. Bolero, no llegué a ser cura, pero si "padre" (de dos hermosas niñas). Lo de buena persona, preferiría decir que soy alguien con miserias y virtudes que acepta lo que tiene y trata de mejorar lo que es mejorable. Yo aún creo en que hay gente buena, la sigo encontrando, la mejor prueba a la vista.

    Ali, cuando encuentramos gente distinta a nosotros, y que en teoría tienen "menos" en el amplio sentido de la palabra, nos produce el efecto de ser concientes de lo pequeños que realmente somos, y de lo mucho que tenemos...

    Alfonso, hace mucho entendí que lo cultivas dentro de ti, repercute en el exterior...cuando enfocamos el esfuerzo en lo externo y nos olvidamos lo esencial, estamos siendo cualquier cosa, menos un ser religioso...un ser humano.

    Gracias y un abrazo a los tres.

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  8. Hola, mágica historia sin duda entre personas.... Mira, yo no soy religiosa, no soy creyente, no sigo ningún dictado mas que lo que entiendo que es correcto o no, lo que me pide mi corazón y mi alma, y lo que quiero dar y aportar. Hay gente con una vocacion y empatía por los demás que es digna... esa dedicación, es admirable y creo que supera a las creencias religiosas o no, es una forma de ser, de vivir de relacionarse, superior a todo.
    saludos
    buen fin de semana
    (ya contarás esas historias de fantasmas, no fantasmas o lo que sea... encantada de leer y compartir)

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  9. La verdad, me ha encantado tu historia a pesar de que , como sabes, la religión y yo ... andamos en polos opuestos, lo que si sé es reconocer un gran corazón y, aunque no hubiera leído este artículo, sé a ciencia cierta que tu lo tienes.

    Besos.

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  10. Hola Cris. Yo relaciona el ser religioso como un estilo de vida más que un sujetarse a un conjunto de creencias...De acuerdo contigo en tu punto de vista. ya retomaré lo de los fantasmas...

    Gracias Bego por tus palabras..pero las aceptaré porque se que me quieres tanto como yo, y por eso eres generosa en ellas...Besotes guapa.

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  11. ¿Sabes? lo más bonito de esto es la humildad que te deja a ti, aprendes y eso… no hay valor monetario que te lo satisfaga. Yo trabajo en un centro de mayores y la satisfacción que me da cualquiera de sus sonrisas es uffffffff, no sé como describirlo, te llena el alma y el corazón, lo demás ya no vale.
    Me gusta tu blog César, eres muy sensible y la sensibilidad hoy en día es algo que escasea.
    Un beso y gracias por escribir cosas como estas.

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  12. Asíes Meriem...esa parte nuestra, esa que se llena no con cosas tangibles sino con hechos concretos, esa es la que más precio tiene y más olvidamos.

    Gracias por tu comentario, la sensibilidad es un derecho de todo ser humano que a veces nos negamos a aceptar y disfrutar...se percibe lo hermoso pero también aquello que no lo es. El permitirte serlo ya es una apuesta personal.

    Besotes y vuelve cuando quieras.

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  13. ¡Hola César! me has estremecido, me has hecho recordar todos aquellos niños y niñas que durante mi época de voluntariado ayudé o mejor dicho ellos me aportaron a mi mas que yo a ellos. estuve en Perú como tú, pero no en la ciudad sino en la selva, volveré, seguro aunque ahora no se cuando, pero no hay día que a mi mente no vengan recuerdos, además del contacto que intento no se pierda con ellos.
    Por consiguiente estoy leyendo el último libro de Madre Teresa de Calcuta, Ven se mi Luz, donde además de su ejemplo, me esta ayudando a entender muchas cosas mas.
    Gracias, y no creo ya que sea casualidad el habernos visitado mutuamente, te seguiré mas a menudo.

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  14. Hola Ruth, no creo tampoco en las casualidades, ha sido toda una "causalidad" encontrar tu blog. Un abrazote, nos leemos.

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