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Sonia


Le conocí en el avión. Su sonrisa se fue dibujando conforme los minutos transcurrían antes que el avión se elevara con dirección a Lima.

Sonia, asi se llama, iba a ver a su familia que no veía tampoco, desde hacía tres años. Esas 12 horas de vuelo fueron suficiente para conocer aspectos de nuestras vidas: personales, familiares, afectivas...Claro está que antes de llegar a nuestro destino, intercambiamos números para continuar "cultivando" esa linda relación incipiente de amistad.

Nos llamamos un par de veces, ya en Madrid, y como siempre, yo no colgaba el teléfono sin antes esbozar una sonrisa.

Hoy me despertó con una llamada y me invitó a comer. La verdad es que acepté de buen agrado, primero, porque me apetecía verla, y segundo, estos días he pasado demasiado encerrado en mi mundo y ya era hora de abrirme a la vida nuevamente.

El restaurante, con ese toque casero, fue inmejorable. Me presentó a Marleny,( esposa del dueño del local, y quien nos acompañó un momento en la sobremesa) más conocida como "Marlen" por esa similitud sonora de su nombre con un personaje de televisión, que en nada se parace a ella ni en lo físico ni en lo personal. Necesitaba escucharles, a ambas. Cada una con un punto de vista distinto de la realidad. Una queriendo regresar a la patria, la otra queriendo quedarse y cada una con una razón válida, personal, convincente..

El amor, la familia, los amigos,...realidades que marcan tanto nuestro proceder, nuestro actuar. Al salir de ese lugar, tan contento y rehecho, no podía dejar de sentir que valió la pena salir de casa, y abrirme nuevamente. No terminó allí.

La "chinita" como le digo, me llevó a conocer a su prima, quien aprovechó mi presencia al saber que había estudiado filosofía para hacer unas preguntillas en relación a su hija, quien estudiaba esa asignatura y tenía algunos "problemillas"...es normal.

La prima, Rosmery, tiene un locutorio, de los pocos grandes que he visto en Madrid. Como es lógico allí pasa mucha gente y cada cual tiene su historia, o sus historias. Vida bendita, cuanto hay en el mundo y uno creyendo que lo poco que a uno le pasa es mucho.

Por último, para cerrar la tarde, Sonia, la "chinita", me llevó a un bar, en donde atendía otra compatriota (jo, que cantidad de peruanos he visto hoy). Vivió 18 años en Buenos Aires y ahora llevaba en Madrid 1 año y 3 meses. Piensa regresar, pues considera que ya hizo los deberes: su hijo estudia en la Marina del Perú, tiene construida ya su casa y ahora quiere disfrutarla.

Me pareció curioso cuando me preguntó por mi situación personal. Le comenté que tengo dos niñas y que viven con su madre. "Es decir, eres separado", me dijo. "Tanto esfuerzo para venir, tener dos niñas y decir que ya no quieren vivir juntos"...me recriminó amablemente.No me pareció para nada agresivo, ni inoportuno su comentario. Sencillamente fue espontáneo y yo tenía la respuesta en la lengua: "Las niñas ahora son felices porque ya no ven a sus padres discutiendo ni con mala cara." Silencio...y una sonrisa acompañó a su: "¿Qué les sirvo para comer?".

Después de un rico bocadillo de queso con cinta de lomo, y una coca cola, nos despedimos de esta simpática y curiosa mujer y me dirigí, junto a Sonia, a la puerta, ya en dirección a tomar mi transporte con dirección a casa.

Después de un sentido abrazo, de esos en los que terminas con una sonrisa radiante, me despedí de esta nueva amiga, Sonia, no sin antes decir: "Gracias"... Ella no sabía que ese gracias significaba más que la invitación a comer...

Gracias, otra vez, Sonia.

Comentarios

  1. Hola Cesar, seguro que así extrañarás menos a tu país, no?. me alegro por tí. Un beso.

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